Marsala, casa sana

Marsala,
sala de quietud,
sano océano de sabores,
de olas de placer,
espumosas sensaciones.
Orillas de amor en cada plato,
esencias en cada mano,
regados con los mejores caldos.

País de las mejores maravillas,
calidez de voces que acarician
el aire de cada mesa.
Ternuras en el calor de la cocina,
en las luces y penumbras ensortijadas,
atenciones imprescindibles, en cada rincón,
compartidas por Ortega y Gasset,
Hipócrates y Cicerón.
Tesoros guardados en cada cuadro,
flotando entre las paredes altas,
acantilados de este valle abierto.

Múltiples ensoñaciones,
miradas, palabras, frases,
conversaciones las precisas.
Ilusiones encontradas
en lo más profundo de cada sueño.
Descanso merecido en esta atmósfera calma

Marsala,
tierra conquistada por tus exquisitos manjares,
de verdes prados, de flores rosas,
anaranjadas y amarillas y blancas.
De aire limpido, transparente,
de seres disfrutando de cortos viajes,
ajenos a toda prisa cotidiana,
momentos inolvidables
hacen crecer los sentidos
hasta cotas inalcanzables.

Marsala, Marsala
a ti vuelvo
siempre que vivir quiero

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